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El origen de los Reyes Magos

Cultura

El origen de los Reyes Magos

Al fin llegó. Muchos niños deseaban ya que llegara este día y esta noche que se nos viene. Niños que todavía mantienen viva su pureza y su imaginación, que no se han corrompido con la, cada vez más pronta, adultez.

REYES MAGOS PINTURA AL FRESCO

En imagen: FRISO BIZANTINO DE LOS REYES MAGOS. SAN APOLINAR NUEVO.

Niños que siguen la costumbre de esperar a esta mágica noche y no se dejan embaucar por esa tradición extranjera que es Papá Noel, y que ya se encargó de arrastrar a un segundo plano (o casi al olvido) figuras como el Olentzero (País Vasco y Navarra), el Cagatió o Tió de Nadal (Cataluña) y el Apalpador (Galicia).

Es la Noche de Reyes y los niños son los protagonistas.

¿Pero cuál es el verdadero origen de estos tres reyes?

La realidad de Melchor, Gaspar y Baltasar (sin duda el más querido de todos), es bastante distinta a la que hoy conocemos. Todos los tenemos como esos tres personajes, principales e indispensables en cualquier Belén que se precie, que le llevaron regalos (oro, incienso y mirra) a Jesús al nacer, guiados por una estrella, pero su aparición en los textos bíblicos fue más bien fugaz. Sólo en el Evangelio de Mateo se hace mención a ellos:

evangelios reyes mags

En ningún momento se especifica que fueran reyes ni que fueran tres, puesto que según la tradición, pudieron ser dos, cuatro, siete o doce. El dejarlos en tres, sin duda, se debería al número de regalos ofrecidos al recién nacido y también a que un mandamás de la Iglesia en el siglo V, el Papa León I, se le antojó que serían tres para todos los cristianos.

Pero si nos ceñimos a algunos evangelios apócrifos (e igual de “válidos o creíbles” que los cuatro de la biblia, pese a quien le pese), encontramos mayor detalle. En el Evangelio del Pseudo Tomás se cuenta que llegaron con tres legiones de soldados; una era de Persia, otra de Asia y otra de Babilonia.

También llega a indicar que existía algún rasgo de parentesco entre ellos. La denominación de reyes es un misterio, al igual que la suposición de que son magos, según nuestra concepción de mago. Partiendo de diferentes lenguas ya muertas, se deriva en el griego magós y a su vez en latín con magi, que bien podría traducirse por sabio. Al seguir a una estrella, y poseer tales conocimientos, también se les otorga el papel de astrólogos.

Así bien, tenemos a unos hombres sabios, procedentes de Oriente, que se encaminan a Belén y que, según se cuenta, encuentran en su camino al rey Herodes, que tras conocer su objetivo, les pide que a la vuelta le digan dónde está ese Mesías, para ir también él a adorarle. Es de lógica que si eran tan sabios, no cayeron en la trampa, pero la tradición cuenta que tuvo que chivárselo un ángel.

Como curiosidad, aunque se supone que su procedencia es de sobra conocida, en un libro escrito por el anterior Papa, Benedicto XVI, se dice que los magos no llegaron de Oriente, sino de la mítica Tartessos, una tierra antigua y desaparecida que se encontraba en lo que hoy ocupa Cádiz, Huelva y Sevilla. Pero esos tres hombres sabios tenían nombre, y el origen de éste, más bien la primera mención que se hace, es en la ciudad de Rávena (Italia).

En la iglesia de San Apolinar Nuovo existe un friso del siglo VI en el que se ve una procesión encabezada por tres hombres con grandes ropajes, ofreciendo ofrendas a la Virgen María y al Niño. Sobre las cabezas de estas tres figuras se puede leer: Balthassar, Melchior y Caspar. Cuenta otra tradición que el apóstol Tomás se encontró en el mítico Reino de Saba a los tres magos y que estos se bautizaron, adoptando el cristianismo como su fe.

De ahí que se les adore en lugar de mandarlos a la hoguera, como hubiera sido más propio de los antiguos cristianos hacia unos “magos”. En la maravillosa catedral de Colonia (Alemania) se supone que están los restos de los tres Reyes Magos, aunque claro… es mucho suponer ya. Así llegan hasta nuestros días estos tres hombres sabios que traen regalos a los más pequeños de la casa, y que antes hacen su famosa cabalgata para que todos puedan verles.

Por lo que, se crea más o menos, o se aprecie más o menos la religión, reivindico que no nos dejemos convencer por las tradiciones extranjeras, que no cedamos ante nuevas ideas de consumismo y no perdamos nuestra tradición que es de las más ricas y maravillosas del mundo occidental. No seamos tan tontos de acoger figuras que no nos representan por culpa de la americanización que sufrimos, cada vez más patente.

Vamos a dejar que esta Noche de Reyes la magia siga su curso y que los más pequeños puedan disfrutar de ese gusanillo que todos padecimos en esta noche. Vamos a dejarles que esperen a Melchor, Gaspar y Baltasar, y esperemos que no les traigan carbón. Y mañana, el roscón, que eso sí que no lo tienen los americanos y bien rico que está.

 


Redacción: Fernando Cabrera. Periódico EL LORQUINO. 


 

 

Redacción de Periódico EL LORQUINO Noticias.

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