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Los últimos hombres “duros”

Europa

Los últimos hombres “duros”

El profesor contestó con sencillez: —Nuestro Gobierno quiere sin duda que sean los otros los que la declaren. El papel del agredido es siempre el más grato y justifica todas las resoluciones ulteriores, por extremadas que parezcan. Allá tenemos gentes que viven bien y no desean la guerra. Es conveniente hacerlas creer que son los enemigos los que nos la imponen, para que sientan la necesidad de defenderse…

hombre duro

CABRERA FERNANDO – EL LORQUINO 28/11/2015 | Si tuviera que destacar un libro que me haya marcado especialmente, por unas u otras razones, podría decir muchos: Las uvas de la ira, La sonrisa etrusca, El bosque animado, Cañas y barro, Los renglones torcidos de Dios… Pero, sin duda alguna, destacaría Los 4 Jinetes del Apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez, de donde he sacado el pequeño fragmento anterior.

Lo que parece empezar como una obra costumbrista y de ambiente familiar, se torna en un cruel y fidedigno retrato de lo que fue la Gran Guerra (o, llamada después, Primera Guerra Mundial) en la vida de los franceses. La familia Desnoyers, unos terratenientes franco-españoles que vivían en Argentina, volverán a París, la ciudad del padre de familia, en busca de un cambio en sus vidas, lo malo es que lo hacen poco antes de que estalle la Gran Guerra, algo que desconocían.

La historia se centra, sobre todo, en las figuras de Marcelo, el padre, y de Julio, el hijo, quien al llegar a la ciudad de las luces se convierte en un bohemio que solo sabe ir de tabernas y meterse en líos. El padre verá impotente como su hijo no sirve para nada, le engaña y le saca el dinero; todo hasta que estalla el conflicto, y tras una dura discusión, Julio tomará una decisión que en principio honrará al padre, pero que luego horrorizará.

¿Pero a qué viene todo esto? Bueno, la actualidad no nos es indiferente a nadie, o casi nadie, vemos que el ambiente está muy caldeado, se planean bombardeos a Siria en represalia por los atentados y, por otro lado, tenemos a Rusia que siempre ha hecho lo que ha querido. Y ahora, encima, surge una nueva tensión tras el derribo del avión ruso por los turcos. Se ha ido preparando la dinamita poco a poco y están esperando que alguien encienda la mecha. No es mi pretensión asustar a nadie, pero parece que no nos damos cuenta de la gravedad del asunto.

El fragmento de la novela con que empieza el artículo, son las palabras que el primo de Julio, un joven profesor alemán con un germanismo exacerbado, le dirige al muchacho y un amigo días antes de que el mundo estalle en guerra. El propio Vicente Blasco comenta al principio del libro, en un pequeño prólogo, que él mismo fue testigo de las ganas de los alemanes de entrar en la guerra, empujando a Austria y tomando el asesinato del Archiduque Francisco Fernando como motivo.

En Julio de 1914 noté los primeros indicios de la próxima guerra europea, viniendo de Buenos Aires a las costas de Francia… …Les oí hablar con entusiasmo de la guerra preventiva, y celebrar, con una copa de champaña en la mano, la posibilidad cada vez más cierta, de que Alemania declarase la guerra, sin reparar en pretextos. Poco sabían lo que estaba a punto de desatarse en el mundo entero y en la historia, pues que fue la Primera Guerra Mundial, sino un horrible prólogo de la segunda, cuyo epílogo fue la no menos cruel Guerra Fría.

Pero no hablamos ahora de Alemania (¿o sí?). Tras los brutales crímenes de París, con un mundo conmovido por la tragedia, sumido en cierta incertidumbre de ¿y si toca hoy aquí? Se cancelan conciertos, partidos y otros eventos debido a la alerta. Una alerta que nos mantiene, a pesar de la “normalidad” que vuelve a reinar, siempre en vilo. Con esa pena por tantas vidas arrebatadas.

Nos han tocado la fibra, y lo que ocurre es que muchos parecen utilizar esto en su beneficio. Se habla con una frivolidad aterradora de lo que los terroristas han hecho y han dejado de hacer; ¿por qué no los bombardeamos hasta los cimientos? Sí, esa es la solución. Pero… uy… resulta que esos malnacidos sin corazón ni entrañas, esos monstruos aberrantes, no viven solos en su horrible país del terror. Da la casualidad de que Siria está lleno de buenas personas y de malas, como lo está España, Francia, Alemania o Inglaterra.

¿Realmente se pueden arriesgar a asesinar a cientos de inocentes por acabar con una docena de terroristas? Es horrible pensar que se esté tomando el atentado de París como una excusa para atacar un territorio que, seguro, luego se repartirán. Porque lo han hecho siempre, y si hay la mitad de las guerras que hay en Oriente, es por culpa de esas particiones que se hicieron tras la Segunda Guerra Mundial.

Y si todo este caos de países, que están decidiendo si bombardear o no otro país, fuera poco, Rusia y Putin van a lo suyo, enviando sus aviones a lanzar “sutiles avisos” en forma de explosiones que arrasan todo, bueno y malo. Peleándose con Turquía, otro que también… Dos países que están enfrentados actualmente, por un: ha sido culpa tuya mutuo, y que podrían desatar otro grave conflicto si no se llega a un acuerdo.

Y dirán esos presidentes: ¿Y para que tenemos a los ejércitos si no? Que combatan, que si no se oxidan. No se avecina nada bueno, y todos esperamos que todo se resuelva de la mejor manera posible. Que esos miserables terroristas sean aniquilados sin que padezcan los débiles. Que los líderes del mundo sepan contener su furia interesada antes de que pueda empezar otro gran terrible conflicto. Con dos guerras mundiales fue más que suficiente.

Redacción de Periódico EL LORQUINO Noticias.

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